EDITORIAL: El transporte y los combustibles

EDITORIAL: El transporte y los combustibles

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Uno de los pocos servicios públicos que se pagan al contado, y a veces hasta por adelantado, es el transporte público. Si usted no tiene dinero en efectivo no puede viajar a ninguna parte. El bus en cualquiera de sus modalidades se paga al momento de subirse al mismo, en el caso del servicio urbano, y por adelantado cuando se trata del servicio interurbano. Primero se paga y después se sube a la unidad, y con la incertidumbre de no saber si va llegar a su destino, ya sea por un accidente o por un desperfecto mecánico que se pueda sufrir en el camino.

El transporte es una preocupación constante del ciudadano común que a diario tiene que acudir a su trabajo o a los centros de estudio. Los padres de familia destinan un porcentaje considerable de su salario para pagar los viajes diarios de sus hijos a colegios y universidades, y si los trayectos son distantes y necesitan pagar dos buses para llegar a los centros de estudio, el gasto en ese servicio de duplica de ida y de regreso, por lo que cualquier alza impacta en el presupuesto familiar.

Con el constante incremento en el precio de los combustibles, los dueños de los buses y taxis que prestan el servicio del transporte presionan, y con mucha razón, por un incremento en las tarifas debido a que sus costos de operaciones por efecto del alza de los productos derivados del petróleo es constante.

El problema, visto desde su origen, es que al aumento en el precio de los combustibles en el mercado internacional, se suma un sobre precio decretado por el actual régimen desde enero del 2014, lo cual encarece el costo de los mismos para el consumidor final, es este caso que nos ocupa, para los transportistas en general.

El gobierno no quiere sacrificar esos ingresos adicionales que obtiene por el sobre precio de los combustibles, pero si parece dispuesto a sacrificar los bolsillos de los pasajeros autorizando un alza en los pasajes que vendrá a reducir aún más la capacidad adquisitiva de quienes lo eligieron y de quienes no le dieron el voto. Todo parece indicar que la consigna es que se sacrifiquen todos, menos la administración Hernández Alvarado.

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