EDITORIAL: Inundaciones y Basura

EDITORIAL: Inundaciones y Basura

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La vulnerabilidad del país se pone en evidencia todo el año. Durante el verano las hogueras arrasan con los bosques y en uno de los últimos incendios forestales del 2018, el fuego acabó con la vida de cuatro bomberos, mientras que las lluvias, que definitivamente son una bendición para la vida, ahora son sinónimo de muerte y destrucción en todo el territorio hondureño.

Las tragedias que provoca el agua ocurren cada vez con más frecuencia en la capital de la República donde se concentra el mayor núcleo poblacional del país. Una simple lluvia de 30 minutos basta para que se produzcan inundaciones por todas partes con consecuencias lamentables.

Desde su fundación, Tegucigalpa siempre tuvo sus ríos, riachuelos y quebradas que son parte de su geografía irregular, pero nunca fueron una amenaza para la población, antes bien eran sus fuentes naturales de abastecimiento de agua cuando el vital líquido no era distribuido a través de tuberías.

¿Pero qué es lo que ha cambiado para que la ciudad se inunde cada vez que llueve? En primer lugar cada año la capital tiene más habitantes y en sus cerros y laderas se construyen nuevas casas; en segundo lugar enfrentamos el fenómeno del Cambio Climático que nos trae lluvia en exceso y otras veces severa sequía, y aunque no estemos en la temporada de invierno puede llover copiosamente inundando calles, negocios, viviendas ya sea en Navidad o en Semana Santa.

Pero a este fenómeno de la naturaleza, que también es provocado por la mano del hombre, se suma el problema del manejo de la basura por parte de cada ciudadano. Somos un pueblo sin cultura en todo sentido, no digamos en el manejo de la basura. A toda hora tiramos basura por todas partes, en las calles, en los parques y no digamos en los mercados.

Los comerciantes de los mercados y sus clientes, que son los mismos capitalinos, parecen empeñados a diario en mantener su entorno lo más sucio posible. En los mercados capitalinos se generan toneladas de basura, principalmente de plásticos. Tiran bolsas de todo tipo, en especial del agua purificada que consumen a cada instante del día, platos desechables donde sirven sus alimentos, pañales desechables de los bebes que crían en sus negocios y por supuestos restos de las verduras y frutas que dejan de vender.

Parte de esa basura es recogida por los servicios de aseo del gobierno local, pero otra va a parar a los tragantes de las alcantarillas de aguas lluvias, los que obstruyen y cuando vienen los aguaceros se producen inundaciones con consecuencias trágicas.

Eso se repite año tras año, por lo que es necesario que las autoridades municipales mantengan una campaña publicitaria permanente para recordarle a los capitalinos la importancia de no arrojar basura a las calles. Científicamente está comprobado que los mensajes publicitarios tienen efectos en la mente de las personas.

La conducta es la forma en que se comportan o se conducen los individuos, en tanto que la actitud es una disposición de ánimo que influye en la conducta. La publicidad como acción estratégica fomenta, genera, induce deliberadamente entre los individuos diversas actitudes y tendencias.

Esa campaña publicitaria para crear una cultura de aseo deberá ir acompañada de charlas en las escuelas y colegios capitalinos para crear conciencia en niños y jóvenes de que tirar la basura donde se nos antoje, sólo acarrea perjuicios para todos.

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