La incertidumbre del TPS en la economía hondureña y estadounidense

La incertidumbre del TPS en la economía hondureña y estadounidense

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La economía hondureña está sustentada en su mayoría por las personas que emigran hacia los Estados Unidos y mandan millones de dólares en remesas a sus familias que radican en Honduras, siendo utilizado este dinero en diversos rubros, como alimentación, educación y todo lo necesario para poder vivir de una manera adecuada y tranquila, en un país que carece de oportunidades para muchas personas.

Recientemente se anunció por parte del secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos, John Kelly, que el Estatus de Protección Temporal (TPS) vencerá el próximo enero de 2018. Según lo declarado, las personas amparadas en este programa deben regresas a sus hogares.

El TPS fue otorgado por primera vez en 1999, después del trágico paso del huracán Mitch por tierras hondureñas, renovándose 14 veces desde entonces, beneficiando a miles de compatriotas que se fueron a tierras norteamericanas buscando mejores oportunidades de vida.

Las autoridades hondureñas como el Banco Central de Honduras (BCH), han estimado que en caso de que el TPS no se renovara, el impacto económico sería gravísimo, ya que se dejarían de percibir cerca de 200 millones de dólares al año, viéndose afectadas 60 mil familias hondureñas.

¿Estará consciente Estados Unidos del impacto que pueda generar quitarle el trabajo a miles de latinos que están amparados en este estatus de protección? Miles de migrantes trabajan en labores donde los norteamericanos requieren de mano de obra, como ser: la construcción, agricultura, hospitalidad, minería, transporte, servicios públicos, comercio al por mayor y menor, servicios de educación, entre otros.

El informe de la Alianza para una Nueva Economía Estadounidense mostró que la población inmigrante latina en Estados Unidos (de unos 19 millones de personas) contribuyó en 2016 con 33,000 millones de dólares a las arcas fiscales locales y estatales, y con 54,000 millones a la federación. Parece que ambas economías sufrirían alarmantes cambios en sus indicadores.

Es claro que el TPS es un estatus temporal, y que el gobierno estadounidense no está obligado a cumplir, pero es de vital importancia que las autoridades se pongan a analizar los daños que se pudieran experimentar. Esperemos que ambos gobiernos se sienten a la mesa y pongan sus propuestas, para que el TPS continúe beneficiando ambas economías.

Hebert Rolando Maradiaga

Estudiante de Comunicación Social y Pública (UMH)

 

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