EDITORIAL: ¿No eran inmortales los de España 82?

Oscar Flores López
Mis superhéroes de infancia nunca usaron capa ni trajes de colores. Vestían sencillo, de blanco, pero eran capaces de meter goles desde la media cancha, silenciar al Mateo Flores, al Cuscatlán y al Luis Casanova de Valencia, evitar goles de tijereta, eludir a seis jugadores del equipo contrario, jugar con una pierna hecha pedazos, bañarse en una quebrada, vencer al jetlag.

Eran una familia y me hice adoptar por ellos. Me enseñaron que los hombres también lloramos y que en este mundo de tufosos y estirados, también se puede ser humilde, que no es lo mismo que ser pendejo.

Mientras otros niños tuvieron a Spiderman, Superman, Batman y Ironman, los “manes” que yo quise se llamaban Tile, Cañón, Primitivo, Macho, Tecate, Azulejo, Fayito, Pecho de Águila, Chelato, y otros con nombres y apellidos “piqueteros”: Jimmy James Bailey, Gilberto Yearwood, Allan Anthony Costly, Jimmy Stewart, Carlos Orlando Caballero.

Siempre creí que aquellos jugadores de la Selección de Honduras en España 82 eran inmortales… hasta que un día entrevisté a Domingo Drummond, el lateral invencible, pero al que esa vez tuve que ayudar a subir las gradas de un hotelucho de Comayagüela porque ya no tenía fuerzas en las piernas. Se estaba muriendo de cáncer de pulmón. Lloré su muerte.

Unos años más tarde morirían Javier Toledo, Celso Fredy Güity, Roberto Bailey y Luis Cruz. También falleció Roberto Macho Figueroa, el más poderoso de todos, a quien lloré desconsoladamente. Este año, otros dos de mis superhéroes me abandonaron: el Maestro Chelato y Porfirio Armando Betancourt. Sentí que me arrancaban pedazos del corazón.

Yo tenía diez años en España 82, y desde entonces creí que todos ellos eran inmortales. Que jamás morirían, que siempre estarían con nosotros. Mis superhéroes de infancia podrán volar a otros estadios de la galaxia, pero seguirán aquí, conmigo, en lo más profundo de mi corazón, vivos, inmensamente bellos.

No son inmortales… Son LEYENDAS.

Leave a Reply