Las expectativas de un Gobierno débil hunden la confianza empresarial

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La desconfianza en el futuro inmediato pesa cada vez más entre los empresarios españoles. La política sigue haciendo mella en el tejido productivo. En el segundo semestre del año pasado, la inquietud respondía a la provisionalidad del Gobierno de Pedro Sánchez y a la repetición electoral. Ahora hay Gobierno, pero genera desconfianza. De hecho, la política económica que deja entrever el Ejecutivo PSOE-Podemos no solo abona el pesimismo entre los empresarios sino también entre los trabajadores.

Lo primero lo acaba de certificar el Índice de Confianza Empresarial que elabora periódicamente el Instituto Nacional de Estadística (INE); lo segundo, el creciente temor económico de los trabajadores, de los ciudadanos en general, lo ha puesto de manifiesto el Barómetro de diciembre del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), que también se conoció hace unos días.

En estos momentos, el 21,1% de las empresas españolas están convencidas de que su actividad va a empeorar en este primer trimestre de 2020. Es el dato más pesimista en cuatro años: hay que remontarse a enero de 2016 para encontrar una predicción empresarial más negativa para un primer trimestre de año.

Además, ese incremento del pesimismo no es puntual, la tendencia es clara desde hace dos años, fue especialmente intensa en 2019 y se ha agravado en los dos últimos trimestres. La desconfianza empresarial se incrementó con fuerza ante la repetición electoral, y se intensificó al vislumbrarse el Gobierno PSOE-Podemos que finalmente salió adelante con el apoyo del independentismo. La encuesta del Índice de Confianza Empresarial fue realizada por el INE en la segunda quincena de diciembre. Y en ella quedó claro que al tejido productivo le intranquiliza el horizonte político-económico del nuevo Gobierno.

El 21,1% de las empresas españolas están convencidas de que su actividad va a empeorar en este primer trimestre de 2020

«La relación entre política y economía existe en el tejido empresarial», indica el economista Juan de Lucio, profesor de la Universidad Antonio de Nebrija. Y remarca: «Aunque hay muchas empresas que han aprendido a vivir con estos niveles de incertidumbre o que han apostado por la internacionalización, es evidente que está haciendo mella la incertidumbre sobre cuáles van a ser las políticas económicas del Gobierno para los próximos años y sobre la propia durabilidad del Ejecutivo que se ha formado», por las tensiones internas y su debilidad parlamentaria. Y, al final, la desconfianza del empresariado ante el Gobierno acaba lastrando el potencial de crecimiento de las empresas, sus decisiones de inversión y de empleo.

El empleo se resiente

El propio Indicador de Confianza Empresarial del INE confirma esto último. El 15% de las empresas españolas acabaron el año con recortes de plantilla, y un 14% van a empezar el año haciendo lo mismo. Dicho de otro modo: 200.000 empresas destruyeron empleo neto en el último trimestre de 2019, y 190.000 están decididas a hacerlo en este primer trimestre de 2020.

El 15% de las empresas españolas acabaron el año con recortes de plantilla, y un 14% van a empezar el año haciendo lo mismo

El economista Juan de Lucio advierte, además, que ese pesimismo empresarial, y el deterioro que lleva aparejado en las expectativas de inversión y empleo, es un estado de ánimo muy extendido en el tejido productivo. «Se da de forma generalizada en toda España y en todos los sectores económicos, con especial intensidad entre las pequeñas y medianas empresas». Eso sí, resulta significativo que, en las tablas del INE, el empresariado catalán sea el más optimista, pese al desafío independentista y al espinoso panorama que ha provocado el secesionismo.

Gobierno y desaceleración

A nivel nacional, el hundimiento de la confianza empresarial no solo afecta al presente sino que es un mal augurio. «Los índices de confianza son de los mejores indicadores para anticipar cuál va ser la evolución de la economía», afirma este profesor de la Universidad Antonio de Nebrija. «Lo que confirman en estos momentos es un avance de la desaceleración económica, que más allá del año 2020 nos podría llevar a una destrucción de empleo; de momento el problema es que se van a crear menos empleos, pero hay que tener mucho cuidado con esa paulatina desaceleración». Y en ese «tener cuidado» entra de lleno la política económica del Gobierno. Justo lo que parece claro que no despierta confianza en el empresariado.

«Los empresarios están ante un escenario de incertidumbre porque desconocen la política económica que se va a aplicar, y porque la que intuyen va a encarecer las indemnizaciones por despido, el salario mínimo ha vuelto a subir tras haberlo hecho con fuerza hace un año y acumula incrementos en 2017 y 2018, y todo eso frena la contratación y el empleo», afirma el economista Rafael Pampillón, catedrático de la Universidad CEU San Pablo y profesor del IE Business School.

Gasto, déficit e impuestos

«Los empresarios están preocupados porque este Gobierno ha prometido más gasto público, más gasto social, que se suma al grave problema del déficit público, en especial el concentrado en el sistema de la Seguridad Social. Todo eso conduce a más impuestos y cotizaciones», advierte Pampillón.

El problema es que una desatinada política económica puede tener fatales consecuencias en un contexto de desaceleración. De ahí que crezca la incertidumbre ante las recetas que se vislumbran en el gabinete PSOE-Podemos y de las estrategias y divergencias políticas entre esos dos socios. «Algunos en el Gobierno saben lo que hay que hacer, lo que no sé es si podrán o estarán dispuestos a hacerlo», afirma Juan de Lucio.

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